viernes, 30 de agosto de 2013 |

Sudden Inspirata XIV: Aceptando mi condena

Disculpa si a medianoche
o en la oscura madrugada
cruzo la eterna frontera
que divide nuestras almohadas,
para rodear con mi abrazo
tu figura recostada.

Entiende mi atrevimiento,
es que el sueño a mi no viene,
si no te he robado un beso,
o mis dedos no han tocado
la tersa piel de tus brazos.

Así que está en tus ojos,
en tus manos y en tus labios,
hacer caer el castigo
sobre los hombros cansados,
de este invasor furtivo,
que noche a noche se roba
uno y todos tus suspiros,
tus pesadillas y males,
mientras descansas tranquilo.

Acepto aquí mi condena,
me entrego a la eternidad
de una vida contigo,
abrazándote en las noches
oficiándote de abrigo.

miércoles, 14 de agosto de 2013 |

Bitácora de una Mudanza I

Tenía (tengo) un texto preparado que me salió de una inspiración repentina, con su métrica y sus rimas, pero a estas alturas creo que no es necesario ponerse poetas, ni correctos, ni siquiera extenderse con adjetivos y descripciones.
Hoy es la penúltima noche que paso en este lugar y sinceramente no me puedo sentir más extraño.
Ni hablar de mañana, claro, me estoy remitiendo a no pensarlo.
Vine a esta ciudad a cumplir determinados objetivos, muchos de los cuales se cumplieron, y otros que aún están en el horno, cociéndose a fuego lento (y acá estoy, no pudiendo dejar de ser yo, con mis maneras de decir las cosas adornándolas).

Me siento tan raro, y si lo pienso son solo 15 cuadras. Pero en esos pasos, en esos minutos a pie, hay tanto que dejo atrás...
Son 640 días donde viví muchas cosas entre estas cuatro paredes, buenas y no tanto. Donde lloré, reí, me enojé (cuándo no) y puse el hombro, la voz, el oído...

Amaría poder seguir en la tranquilidad de este séptimo piso, pero mi vida sigue, evidentemente llevándome consigo; y si se terminó este ciclo es porque hay montañas más altas por escalar (aunque estén en un primer piso con la misma letra en la puerta).

Quiero creer que todo ocurre por algo, hasta lo más estúpido, simple o minúsculo que tiene el día a día.

Esto no es un amontonamiento de cosas al pedo en cajas.
Esto es avanzar (hacia algún lado, pero avanzar al fin).

lunes, 5 de agosto de 2013 |

Piezas de cristal.

En la vida, al igual que un vidrio que se golpea, hay quiebres. Puntos de inflexión que separan dos partes de un mismo material y lo transforman, a veces de manera irreparable, filosa, rápida y sin siquiera esperarlo.
Hay otros golpes que se esperan, se imaginan, se piensan pero sólo al momento de recibirlos logramos vivir y saber que tantas partes han quedado de nosotros mismos.
Astillados o no, encontramos de alguna manera la posibilidad de alejarnos haciendo de nuestra piel una capa de adamantium o mantenernos al borde del filo más agudo para sangrar al primer contacto.
Las personas a veces son esas herramientas que nos golpean con sus actitudes, con sus vivencias compartidas, con sus decisiones que nos afectan. Y al afectarnos nos quiebran, nos separan y nos transforman en astillas andantes, siempre con rebordes que (a veces sin querer) lastiman a los que nos rodean.
La vida es más que un simple vidrio que se cambia y ya está. La reparación no se negocia, no se puede ir a la vidriería más cercana a pedir más de lo mismo.
La vida se vive, se limpia toda la suciedad que el tiempo apila sobre ella, y si se quiere hasta se puede abrillantar la superficie. Se debe cuidar a quienes cuidan de nuestra integridad.

Pero hay vidrios, ventanas, cristales, que se rompen en un momento y no tenemos chance de elegir si queremos alejarnos o mantenernos sangrantes. Esos son los que nos dejan la enseñanza de que hay cosas con los que uno debe aprender a vivir (y sobrevivir). Por eso existen aquellas agujas transparentes y casi invisibles que la vida entierra profundo, más allá del pecho... en el alma. Esas no se van, y sólo uno puede encontrarles un lugar.


Hoy me dio por escribir esto porque una amiga viaja lejos, y este viaje me afecta más de lo que pensaba que lo haría. Uno no puede mantenerse al margen de aquellos que se han ocupado de quitar (sin saberlo, muchas veces) las astillas brillantes que el día a día le clava a uno en el pecho.

En comienzo serán 90 días. Y sé que todo es para mejor.
"Todo va a estar bien. Yo lo sé." 
Y así lo creo.

Nos vemos pronto, para seguir creando prismas de colores con aquellas piezas de cristal que se animan a abandonar nuestra piel y elevarse en el aire.