lunes, 25 de marzo de 2013 |

Una idea...


Esa idea tomó fuerza así como sin querer, como pugnando por romper la superficie de mi mismo, y yo, sabiendo que quería, la dejé hacerlo.
Creció hasta que no pude contenerla más en mí, y tuve que liberarla, hacerla expandir sus ramas hasta que alcanzara el cielo, explotando al fin en miles de brotes y flores blancas como la nieve, pero con un dulce aroma a chocolate.
No podía evitarlo ya y aunque quisiera, era lo que debía ocurrir. Ya nada sería lo mismo. No era un simple número, sino incontables kilómetros los que nos separaban. No eran gotas en el mismo contenedor, no era la otra orilla de un océano, era el otro lado del universo. Un "Big Bang" al que ni estirando los dedos podía tocar.

Esa idea se volvió fuerte como el roble y el hierro, y me volvió frágil como el cristal o un brote recién salido de la tierra. Me empujó contra las paredes de mi mismo sintiendo, a veces, que me asfixiaba el solo existir. Me quemaban los pies de caminar por una tierra tan cálida para tantos y tan fría para mí, con el fuego tan pero tan alejado de mi piel.
Ya no seríamos los mismo, y estaba el miedo de que alguien más tome mi lugar, y que nunca jamás pueda recuperarlo. Sí, había mucho que perder... ¿pero que hay de lo que se ganaba?

Esa idea tomó fuerza así como sin querer...





...y fue sólo comenzar a amarte.
lunes, 18 de marzo de 2013 |

Sudden Inspirata XIII: Colores de madrugada.

La noche es nuestra, la mañana de nuestro sueño tardío. El deseo y los colores rojizos de la aurora que descansan en la curvatura de tus mejillas, mientras la nieve vive eterna rodeando tus lunares. En mis ojos el profundo ocre de las hojas en otoño y el tostado del café reside sobre mi piel.
Y aún así, ante semejante disparidad de colores y sabores, de aromas y sensaciones, logramos una mezcla que se destila en una esencia única. Esencia que el aire que nos rodea evapora, elevándola tan alto como es posible.
Y así el despertador puede atentar contra nuestro sueño, acortarlo o diezmarlo si lo desea, pero jamás podrá quitarnos los sentidos, el uno al otro, ese cielo que los dedos alcanzan justo antes de apagarlo para dormir cinco minutos más: tu piel.
domingo, 17 de marzo de 2013 |

Eterno.

Yo podría hacerte eterno si quisieras. 
Me pregunto hace cuanto construyo tu inmortalidad en mi vida. En las que seguirán.
Si lo pienso quizás ni tengas que pedirlo, que yo ya estaré a medio camino de concretarlo.
Tengo la sensación de que cada palabra hilada en torno a tu vida en mí, a tu ser, a lo que soy cuando estamos juntos, comenzó a enraizarse en todas las pieles que habitó mi alma en vidas pasadas, enamoradas de tu alma en sus múltiples investiduras.    

Yo podría hacerte eterno si lo pidieras... O simplemente volvería a escribir acerca de tu piel para hacer aún más extensa tu ya existente eternidad. Porque solo yo se como pintar con palabras un retrato de tu cara mientras duermes, o de como tu voz se suaviza a medida que se aproxima a mi oído. Si, aunque suene poco modesto, se hasta donde puede llegar -como mínimo- la tinta que sale de mis manos y mi corazón (al menos en lo que a esto respecta).

Yo no dudo en que podría hacerte eterno si me lo propongo; porque dicen que si uno de nosotros, incansables caminantes en palabras, se enamora de cualquier persona de la Tierra, éste mortal se volverá eterno.Y la verdad es que amaría poner el granito de arena de esta vida, para que cuando el sol ilumine las playas de un mas allá no falte uno solo.


Yo podría hacerte eterno si me enamoras... 
Espera. Eso está hecho. 
Mientras escribo estas palabras hay una playa (recorrida y construida) en esta vida, que tiene marcadas las huellas de mis pies, paralelas, imborrables, justo al lado de las tuyas.
jueves, 14 de marzo de 2013 |

Microtexto sobre una luz.

La belleza exterior es una luz efímera que no sobrevive al tiempo. Que llama la atención, sí, pero no llega al más allá... apenas sobrevive a esta vida.
Es por eso que es imprescindible no dejarse obnubilar por ella.
Aplaudo a aquellos que buscan su amor fuera de los límites, de la etiqueta. De esa luz que brilla mucho pero a causa del factor externo (quizás nuestros ojos), no por mérito propio.
De todas maneras creo que la belleza no está siquiera en el interior, sino más profundo, brillando porque sí, así sin más... mientras suena una melodía de jazz armónico y pausado, con una brisa fresca acariciándome el rostro.
martes, 5 de marzo de 2013 |

Olvido.


Desaparecías. No quedaba rastro sobre la faz del planeta de tu existencia... ni un mínimo pensamiento se escondía en lo más recóndito de mi mente.
No quedaban recuerdos, palabras, imágenes. Nada.
Las diez mil fotos juntos, ni los diez mil kilómetros recorridos, no había mensajes ni registros en internet, ni en mi teléfono. No tenía ni cartas ni amigos que te recordaran.
No habías pisado jamás este mundo. Ni en esta, ni en la otra orilla del Atlántico.
Y había algo punzante, como una espina, clavada a fondo en mi pecho que no me dejaba dormir en paz. Algo que me decía que alguna vez había estado completo (quizás en una vida pasada) pero que ahora ya no podía ser así.
Me soltaba de todo, de todos. Me iba tan lejos, por un camino de tierra y barro, caminando, cruzando fronteras, no sabía siquiera si había ya mundo atrás.
Los días y las noches pasaban sin siquiera importarme que había en ellos, era tan insoportable... pero solo me limitaba a caminar, alejarme.
El dolor, de todas maneras seguía ahí, vivo, ardiente, presionando más y más penetrando bajo la piel, a la derecha del esternón.

Me desperté sentado sobre una silla. Y te vi a pocos metros, tu cabeza reclinada sobre una cama blanca tan impoluta como el ambo de profesional que llevabas puesto. Tu pelo entrecano hizo que mi sonrisa mermara.
- Ese al que yo llamo mío solo tiene algunas pocas vetas color ceniza en su cabeza...- me dije a mi mismo.

Un suspiro ahogado con llanto salió de tu boca. Me puse de pie. Camine los cinco metros que me separaban del otro lado de la habitación.
Debía tener unos cincuenta años, seguramente. Pálido como jamás había estado. Era yo. Tendido en una cama de hospital, con tus manos sosteniendo la mía. Llorabas sobre ellas.
Mi yo que estaba de pie no tenía pulso, no recordaba como caminar o como hablar. Quizás hasta hubiera sido inútil.

Y me deje llevar. Sabía que no podía estar en dos lugares en el mismo tiempo, aunque fuera dentro de la misma habitación, en dos planos. Simplemente algo se quebró en mí... y junto con el salto que se da al despertar, y la sensación amarga y dolorosa de un sueño vívido lo entendí. Entendí que es lo que había presenciado en ese momento: el comienzo del olvido.


(N.d.A: siempre me sirvió bajar estos sentimientos a las letras, y por eso mismo lo he dejado plasmado aquí... para volver en un tiempo y ver que sólo ha sido un sueño. Gracias a todos por leer, espero no ponerlos muy tristes... sepan comprender. Un abrazo.)