rendidas tus rodillas
dejarán su firmeza,
tu pulso temblará,
las pupilas se dilatarán
sin que siquiera te des cuenta.
Buscarás mis caricias una tras otra.
Será la adicción más bella
volverme el dueño de tus besos.
Tu pelo y mis manos serán íntimos amigos,
mis dedos y los tuyos se entrelazarán
al compás de nuestros corazones.
Un día, no muy lejano, estarás conmigo...
Ambos, al fin, abrazados.
Juan

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