Entre la niebla, húmeda. No se que me pasó. No se qué me golpeó. Sólo se que lo último que sentí fueron mis pies levantándose del suelo bruscamente; y un borrón azul que me alejó de donde estaba.
Dos segundos después, comencé a sentir muchos pasos que llegaban hacia mí y...
¿un borrón azul? ¿eso me impactó? Azul... un borrón azul igual a...
Escuché pasos que se acercaban y no... no podía moverme, ni abrir los ojos. Tenía los ojos cerrados pero veía la niebla igual. Esta misma niebla que veo ahora mismo. ¿Dónde estoy?
Me pongo de pie. La niebla es tan espesa que apenas puedo ver debajo de mi cuello. Me toco la cara, acerco bien cerca las manos a mi cara, a mis ojos.
¿Estoy vivo? ¿estoy muerto? ¿Dónde estoy?
Lejos, muy lejos, llegan ruidos de... ¿ambulancias, quizás? Se escucha un tumulto de gente, alguien que los aparta bruscamente. Mi brazo izquierdo se levanta en la niebla, solo. Siento como si alguien me estuviera tocando, pero no hay nadie ahí. Mi mano se cierra y siento un calor... la niebla se disipa, un poco; mis ojos se cierran, siento presión sobre mis brazos, mi torso y mis piernas (alguien me está cargando). A mi lado alguien más llora. Es como un aullido de un perro humanizado. Ya escuché ese llanto una vez. Sí. Es ESE llanto... pero ¿de quién era? Un flash aparece ante mis ojos: lámparas de techo redondas, parejas una detrás de la otra, blancas, inmaculadas iluminan un pasillo y hay gente a mi alrededor. Siento como me mueven y me llevan. Tengo algo sobre mi boca y mi nariz.
¿Quiénes son? Quiero dormir.
Quienes me llevan cruzan un umbral con puertas blancas. ¿Qué está pasando?
Cierro los ojos. La niebla vuelve a aparecer. Y camino. Un impulso me lleva a caminar.
Camino hasta que aparece una mesa redonda y cuatro sillas a su alrededor, todas blancas, como fundiéndose con la niebla. ¿Qué está pasando?
Tres personas están esperandome ahí para tomar asiento. Un hombre con un delantal de médico gris, gris color frac, color traje, color seriedad. Una mujer con una sonrisa muy dulce, con un traje exactamente igual, con su delantal de enfermera, de un color rosado; y un tercero vestido igual a los otros dos, pero blanco, inmaculado tal como las sillas, la mesa... y la niebla que nos rodea ahora a los cuatro.
Me veo: resulta que si tengo cuerpo. El color de mi piel resalta ante lo blanquecino del alrededor.
- ¿Quiénes son ustedes?
El hombre de gris contesta:
- ¿No es obvio?
La jovencita agrega:
- ¿Por qué tiene que ser obvio? Está confundido, ¿no?
El primero lanza una mirada casi ácida a la mujer, y ambos se quedan callados.
El tercero con un aire más serio, y sabio a la vez, me pide que tome asiento. Su voz es hipnótica y me siento profundamente atraído por ella.
Me siento. Los miro, y la mujer de rosa toma la palabra.
- Éste aquí a mi izquierda, de gris, es la Razón. Yo te diría que no te metas mucho con él. Es un as de la lógica. Éste aquí a mi derecha, es lo Inexplicable. El jardinero contínuo de todo esto que estás vivenciando en este momento. Y yo, por último, soy el Corazón. Los sentimientos.-
Mi cara debe haber demostrado una expresión... una enorme, enorme expresión de pérdida. Creo que se notaba demasiado la incredulidad.
Los tres coincidieron en la mirada esta vez. Y fue lo Inexplicable el que tomó la palabra:
- En este momento ellos dos no te pueden ayudar. Si piensas desde el lado de la Razón, solo te dolerá la cabeza; si piensas del lado del Corazón no encontrarás manera de explicar eso que sientes en este preciso instante en el pecho.
Era atemorizante la manera en que leía mis pensamientos.
-Somos parte de tu ser. Del de todos, en realidad. Sólo que este espacio lo hemos creado para tí en esta ocasión. Los tres inspiraron profundamente. Un olor a lavanda se extendió por todo el lugar.
- Yo lo hice. -dijo el corazón-. A traves de tí... se lo mucho que te calma ese aroma.-
Me sentí aliviado de alguna manera. Y un pensamiento entró en mí.
Será que el cielo tiene el aroma que uno desea que tenga... ¿no es así? Y ese aroma a mi me calmaba mucho.
- Estás aquí, en medio de un puente. Estás entre un lugar y otro. Estás en el Limbo.-
La Razón dijo eso como quien comenta el hecho más obvio del mundo. De alguna manera me sonó lógico lo que decía.
- ¿Estás triste? -dijo el Corazón-. No deberías estarlo. Aún no estás muerto. Hay chance de que vuelvas.-
Mis manos, que reposaban sobre la mesa estában a su alcance y ella tocó una de ellas con sus manos, suaves al tacto. Cálidas. Y tuve otro flash ante mis ojos. Los cerré como involuntariamente y sentí una mano cálida. La misma mano cálida de antes cerrándose con la mía.
Ese toque... ese toque... ese toque.
- Van a haber cosas que jamás vas a entender y cuestionarte no servirá absolutamente de nada. Tienes que entender que van a haber cosas que ninguno de mis dos colegas aquí al lado pueden explicar; y que simplemente tendrás que aceptarlas.
El hombre de blanco hablaba y con su voz hipnótica me sacó del trance hipnótico en que me encontraba.
- Amigo mío, entiende que hay cosas que van más allá de tí y tienes que aceptarlas. El Corazón te ayudará porque tienes mucho arrojo, la Razón te ayudará para conseguir razones... y yo simplemente cubriré todo lo demás. Siempre te has sentido atraído hacia lo Inexplicable. Y sabes que si quieres puedes conseguir las respuestas que buscas. Fortalece tu corazón, consigue las razones que necesites y ven a conquistarme. Tenés que seguir adelante... TENÉS que seguir adelante. Y confía... has llegado lejos, pero aún puedes llegar mucho más. Espero volvamos a vernos.-
La Razón me dirigió una mirada y un asentimiento con su cabeza. Lo Inexplicable me tendió su mano, me dio la mano... y el Corazón volvió a tomarme la otra mano. Hubo un flash, como las veces anteriores.
Una máquina a pocos centímetros de mi cabeza hacía un beep contínuo.
Comencé a sentir como bombeaba el corazón que tengo en el pecho. Comencé a sentir como mi cuerpo se estaba despertando.
Mi visita al Limbo había terminado.
(...)
Me incorporé de golpe. Mi almohada estaba caída al costado de la cama. Vivo. Vivo y sano. Sin accidentes, sin llantos ni golpes. Aún recordaba las palabras que lo Inexplicable me había dicho.
¡Dios! Qué vívidos pueden ser mis sueños a veces. Y más allá de todo lo que me quedó en claro de las palabras de mis tres profesionales, me quedó una duda.
¿Será que el Limbo y el Cielo.... huelen a lavanda?
Dos segundos después, comencé a sentir muchos pasos que llegaban hacia mí y...
¿un borrón azul? ¿eso me impactó? Azul... un borrón azul igual a...
Escuché pasos que se acercaban y no... no podía moverme, ni abrir los ojos. Tenía los ojos cerrados pero veía la niebla igual. Esta misma niebla que veo ahora mismo. ¿Dónde estoy?
Me pongo de pie. La niebla es tan espesa que apenas puedo ver debajo de mi cuello. Me toco la cara, acerco bien cerca las manos a mi cara, a mis ojos.
¿Estoy vivo? ¿estoy muerto? ¿Dónde estoy?
Lejos, muy lejos, llegan ruidos de... ¿ambulancias, quizás? Se escucha un tumulto de gente, alguien que los aparta bruscamente. Mi brazo izquierdo se levanta en la niebla, solo. Siento como si alguien me estuviera tocando, pero no hay nadie ahí. Mi mano se cierra y siento un calor... la niebla se disipa, un poco; mis ojos se cierran, siento presión sobre mis brazos, mi torso y mis piernas (alguien me está cargando). A mi lado alguien más llora. Es como un aullido de un perro humanizado. Ya escuché ese llanto una vez. Sí. Es ESE llanto... pero ¿de quién era? Un flash aparece ante mis ojos: lámparas de techo redondas, parejas una detrás de la otra, blancas, inmaculadas iluminan un pasillo y hay gente a mi alrededor. Siento como me mueven y me llevan. Tengo algo sobre mi boca y mi nariz.
¿Quiénes son? Quiero dormir.
Quienes me llevan cruzan un umbral con puertas blancas. ¿Qué está pasando?
Cierro los ojos. La niebla vuelve a aparecer. Y camino. Un impulso me lleva a caminar.
Camino hasta que aparece una mesa redonda y cuatro sillas a su alrededor, todas blancas, como fundiéndose con la niebla. ¿Qué está pasando?
Tres personas están esperandome ahí para tomar asiento. Un hombre con un delantal de médico gris, gris color frac, color traje, color seriedad. Una mujer con una sonrisa muy dulce, con un traje exactamente igual, con su delantal de enfermera, de un color rosado; y un tercero vestido igual a los otros dos, pero blanco, inmaculado tal como las sillas, la mesa... y la niebla que nos rodea ahora a los cuatro.
Me veo: resulta que si tengo cuerpo. El color de mi piel resalta ante lo blanquecino del alrededor.
- ¿Quiénes son ustedes?
El hombre de gris contesta:
- ¿No es obvio?
La jovencita agrega:
- ¿Por qué tiene que ser obvio? Está confundido, ¿no?
El primero lanza una mirada casi ácida a la mujer, y ambos se quedan callados.
El tercero con un aire más serio, y sabio a la vez, me pide que tome asiento. Su voz es hipnótica y me siento profundamente atraído por ella.
Me siento. Los miro, y la mujer de rosa toma la palabra.
- Éste aquí a mi izquierda, de gris, es la Razón. Yo te diría que no te metas mucho con él. Es un as de la lógica. Éste aquí a mi derecha, es lo Inexplicable. El jardinero contínuo de todo esto que estás vivenciando en este momento. Y yo, por último, soy el Corazón. Los sentimientos.-
Mi cara debe haber demostrado una expresión... una enorme, enorme expresión de pérdida. Creo que se notaba demasiado la incredulidad.
Los tres coincidieron en la mirada esta vez. Y fue lo Inexplicable el que tomó la palabra:
- En este momento ellos dos no te pueden ayudar. Si piensas desde el lado de la Razón, solo te dolerá la cabeza; si piensas del lado del Corazón no encontrarás manera de explicar eso que sientes en este preciso instante en el pecho.
Era atemorizante la manera en que leía mis pensamientos.
-Somos parte de tu ser. Del de todos, en realidad. Sólo que este espacio lo hemos creado para tí en esta ocasión. Los tres inspiraron profundamente. Un olor a lavanda se extendió por todo el lugar.
- Yo lo hice. -dijo el corazón-. A traves de tí... se lo mucho que te calma ese aroma.-
Me sentí aliviado de alguna manera. Y un pensamiento entró en mí.
Será que el cielo tiene el aroma que uno desea que tenga... ¿no es así? Y ese aroma a mi me calmaba mucho.
- Estás aquí, en medio de un puente. Estás entre un lugar y otro. Estás en el Limbo.-
La Razón dijo eso como quien comenta el hecho más obvio del mundo. De alguna manera me sonó lógico lo que decía.
- ¿Estás triste? -dijo el Corazón-. No deberías estarlo. Aún no estás muerto. Hay chance de que vuelvas.-
Mis manos, que reposaban sobre la mesa estában a su alcance y ella tocó una de ellas con sus manos, suaves al tacto. Cálidas. Y tuve otro flash ante mis ojos. Los cerré como involuntariamente y sentí una mano cálida. La misma mano cálida de antes cerrándose con la mía.
Ese toque... ese toque... ese toque.
- Van a haber cosas que jamás vas a entender y cuestionarte no servirá absolutamente de nada. Tienes que entender que van a haber cosas que ninguno de mis dos colegas aquí al lado pueden explicar; y que simplemente tendrás que aceptarlas.
El hombre de blanco hablaba y con su voz hipnótica me sacó del trance hipnótico en que me encontraba.
- Amigo mío, entiende que hay cosas que van más allá de tí y tienes que aceptarlas. El Corazón te ayudará porque tienes mucho arrojo, la Razón te ayudará para conseguir razones... y yo simplemente cubriré todo lo demás. Siempre te has sentido atraído hacia lo Inexplicable. Y sabes que si quieres puedes conseguir las respuestas que buscas. Fortalece tu corazón, consigue las razones que necesites y ven a conquistarme. Tenés que seguir adelante... TENÉS que seguir adelante. Y confía... has llegado lejos, pero aún puedes llegar mucho más. Espero volvamos a vernos.-
La Razón me dirigió una mirada y un asentimiento con su cabeza. Lo Inexplicable me tendió su mano, me dio la mano... y el Corazón volvió a tomarme la otra mano. Hubo un flash, como las veces anteriores.
Una máquina a pocos centímetros de mi cabeza hacía un beep contínuo.
Comencé a sentir como bombeaba el corazón que tengo en el pecho. Comencé a sentir como mi cuerpo se estaba despertando.
Mi visita al Limbo había terminado.
(...)
Me incorporé de golpe. Mi almohada estaba caída al costado de la cama. Vivo. Vivo y sano. Sin accidentes, sin llantos ni golpes. Aún recordaba las palabras que lo Inexplicable me había dicho.
¡Dios! Qué vívidos pueden ser mis sueños a veces. Y más allá de todo lo que me quedó en claro de las palabras de mis tres profesionales, me quedó una duda.
¿Será que el Limbo y el Cielo.... huelen a lavanda?
Sudden Inspiration del 16/01/2011, 20:16 hs, en Bahía Blanca
Juan
Juan

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