martes, 30 de agosto de 2011 |

32 meses después

Mi vieja y mis hermanos.
Tu vieja y tu hermano.
Mis amigos.
Los tuyos.
San Rafael y Bahía Blanca.
La dársena 14
y la hora de retraso,
luego de 2 años de espera.
Lo ilógico de nuestra amistad
convertida en historia de amor.
Una carpeta en mi correo
llena de tus e-mails.
Gigas enteros de fotos y videos.
Mis posteos.
Tus llamados.
Tarjetas de teléfono,
e incontables toques al celular.
265 temas mediterráneos
(o transatlánticos) al día de hoy.
Miedos incontables, sonrisas infinitas;
minutos que terminaron por quedarse cortos.
Miradas compartidas,
almohadones con forma.
Los besos robados
cuando nadie nos veía.

Los planes, 3 nombres,
colores y fechas,
futuras cenas de a 4,
e invitaciones en días festivos.
Tareas repartidas
para que la justicia reine
en un depto para nos.
Sólo vos y yo
que lo vivimos
realmente sabemos que es
lo que nos ha pasado;
los colores que tuvo
y hoy día tiene
esta historia de dos.

Melosos, intensos
somos nombres, lugares y ciudades
recuerdos y desmemorias,
silencios y palabras
dichas y prohibidas.

Somos, y seguimos siendo...
...32 meses después.

Juan
jueves, 18 de agosto de 2011 |

Pérdidas

Hace un par de años que tengo una teoría acerca del invierno. En los meses de frío, desde que tengo 18 años, siempre he perdido algo en mi vida. Sea material, psicológico o ideológico.
He perdido amigos, la salud, a mi mismo... hasta perdí una relación amorosa (hoy en día puedo entender perfectamente el porqué).
Estuve revisando el día de hoy una línea de posteos a las que puedo llamarles "La historia de la Rotonda de la Vida".
Para quienes las leyeron saben de lo que hablo, para los que no y no quieren leer esos 5 posteos, se los explico: usando metáforas y un poco de juego poético relato momentos que fueron definitivos para llegar a ser quien soy hoy.
Pero hoy, justo cuando estaba por escribir la sexta, me di cuenta que no puedo usar esa línea de textos (¡si hasta parece que alguien más los hubiese escrito...!).
A mitad del invierno, con mis 24 años, he perdido porque quise. He decidido perder una seguridad y estabilidad. Me salí del camino seguro y cálido para meterme en uno lleno de niebla, a la espera que el sol se levante, ilumine y me deje ver el camino (y ahí estoy usando metáforas de nuevo... no puedo conmigo mismo ¿eh?).
A lo que voy... siento que este invierno he perdido la inocencia, la seguridad y la ingenuidad.
Me siento mareado en este camino, pero a la vez siento que así debía ser. Que estoy siendo auténtico conmigo mismo y que cuando este mareo pase, todo será un recuerdo lejano.
Es obvio que no quiero perderme, y que el miedo a errar y trastablillar, fallar en mis metas individuales (tanto a nivel académico como laboral) como en mis metas de vida y pareja es enorme. Allí incluyo claro, a las promesas a otros y a mi mismo... a todo aquello que sueño y espero cumplir.
Quizás toda esta incertidumbre y miedo, esta efervescente sensación en el estómago (y el resto del cuerpo) sea otro desafío a enfrentar ¿no? Hacerle frente a algo así para terminar descubriendo que lo logré, que avancé ese paso que me imaginé dando, ese escalón que anteriormente confié que podía escalar.

[Perdí, en este invierno. Perdí al pibe que pensaba que fácil era si uno lo veía fácil. Aún lo sigo perdiendo, con cuentagotas. Y creo que ese tipo de pérdidas ocurren inevitablemente, si queremos madurar.]

Juan
miércoles, 10 de agosto de 2011 |

Conmigo

Uno tras otro pasan
los coches fuera de mi ventana
interrumpiendo sin vergüenza
cada partícula de sueño
que quiere atarse a mi almohada.

5 en punto de madrugada
y descubro algo enojado
que han sido incontables
las vueltas que he dado
los suspiros que he soltado
al aire oscuro de mi cuarto.

De un lado la pared
del otro la mesita de luz
y entre mis brazos un almohadón
con la forma de mis abrazos
(pero no así de los tuyos).

Tus abrazos, tu torso,
la manera en que tu cuerpo ha sido creado
es imposible de calcar, copiar o emular
no podría clonarte siquiera
porque no serías vos
no sería tu ancho pecho
el que encierre al mío,
ni la forma de mi espalda
la que cuadre con tus manos.

Mi insomnio ojos marrones
tiene nombre y apellido,
pisa el metro setenta,
y tiene pecas y lunares escondidos.
¿Será que nuestra inminente cercanía
me vuelve un loco ansioso,
insoportable, celoso y aturdido?

Si sólo quiero tenerte aca,

con insomnio o sin él,
pero ambos acurrucados,
abrazados, entre sábanas
y vivo pidiendole a Dios
poder tenerte YA conmigo.

Juan