miércoles, 27 de abril de 2011 |

que te quepan mis zapatos...


¿Cómo hacer que te quepan mis zapatos, que tu mirada atraviese el sucio cristal de mis anteojos torcidos?

¿Cómo hacerte entender lo que el cruel reloj le causa a mis latidos, lo que tus palabras heladas congelan en mi alma?
¿Cómo hacerte sentir ese temblor en mi garganta cuando me imagino partiendo de este mundo y dejándote sin mis abrazos?
¿Cómo lograr que entiendas lo que mi corazón entiende y mi razón desconoce?

¿Cómo hago todo eso?

Hay algo... existe una manera. Mirar en mis ojos, reflejarte ahí y ver QUÉ hay en ellos.
No es un cliché, ni palabras que suenan bonitas.

Piensa antes de actuar, siente que sentirías si yo hiciera lo que haces, o diría sobre tí lo que dices de mí; cada palabra llena de hiel o miel.

Que te quepan mis zapatos, y allí si, bienvenido a mis pies, a mis pasos, a quien soy... y que tus ojos logren situarse tras mis anteojos torcidos, tras el sucio cristal con el que me animo, de todas maneras, a ver el mundo.

Ángelos
lunes, 18 de abril de 2011 |

Sudden Inspirata III

De nada sirve añorar
los días donde los parches
en las rodillas de los pantalones
eran la única preocupación;
la vida continúa,
y en este mundo remendado
debes encontrar tu propia solución.
Nadie pide que lo hagas,
debe estar en tu interior
esa fuerza avasallante
que salga del corazón,
que te explote, que te alze
que sea de ser tu razón,
para plantar pies en tierra,
para volar sobre abismos
abrazándote al sol,
descubriendo entre las nubes
una parte de tu alma
que te lleve en esta vida
a tu firme posición.

Ángelos
jueves, 7 de abril de 2011 |

Rendido

Una música suena
en nuestros oídos
recorriendo el tímpano
de nuestros libidos;
besos varios
que de pureza tienen
lo que tiene una noche
entera de lujuria;
abrazos que acaban
donde las sábanas se doblan
irregulares y arrugadas
bajo nuestros cuerpos;
botones arrancados
ropa que se desvanece
tu piel y la mia
que juntas se mecen;
puntos presionados
que llevan al éxtasis
más allá del mundo
donde la humanidad desaparece.

[...]

Una música suena
ahora que ya no hay ruidos,
te cubro con las sábanas
te abrazas a mi
recostando tu cabeza en mi pecho
te miro, sonries,
respiro
tranquilo y satisfecho
acerco mis labios, suavemente
al más cercano de tus oídos:
te amo, descansa
juntos no hay noches ni días perdidos,
eres tú quien merece mi piel
soy yo el que te ha siempre merecido,
inevitable pensar mientras me duermo:
que bueno ha sido, en retrospectiva,
JAMÁS haberme rendido.


Ángelos