lunes, 30 de agosto de 2010 |

Eso es

Es solo verte y descubrir que ahí está y estuvo siempre, esperándome, lo que pasé toda mi vida buscando.
Es hallar en tus ojos la paz que necesito.
Es oir tu voz y sentirla tan conocida como el sonido de mi propia voz.
Es ver en cada uno de tus lunares un lugar donde señalar con mis dedos, tesoros escondidos en el mapa de tu piel.
Es leer tu sonrisa, con sus cinco versiones, en cada llamada telefónica.
Es abrazarte en sueños.
Es sentir que te necesito como al aire que respiro, al agua que bebo, o la sangre que por mis venas corre.
Es saber que sos vos y nadie más.
Es desearte, pedirte, cuidarte, respetarte, soñarte y otros mil artes más, todos mientras el calendario disminuye y el tiempo avanza.
Es cuidarme, es reservar mis besos, mis caricias, mis susurros para vos, que sos mi mitad.
Es oír en mil canciones el sonido de tus "Te amo".
Es el ruego de mi corazón que pide por vos... para comenzar a vivir la vida, a pleno, con el alma repleta de luz.
Es sentirse lleno de luz, de paz, porque estás en mi vida.
Es amarte, con millones de palabras o con un solo silencio, en cualquier idioma... Amarte. Sin más. Esto es mi vida... Eso es.

Ángelos
lunes, 23 de agosto de 2010 |

Fibras Musicales [8] - Honrar la Vida

A veces no me alcanzan las palabras... a veces creo que el mundo (y las personas en él), además de volverse más estúpidos, se vuelven mas ciegos y sordos...

Ahora... con una mano en el corazón, dime... TÚ, ¿HONRAS TU VIDA?
(no la maltrates, no abuses de los límites, ni te creas eterno... HONRA TU VIDA).




Honrar la Vida - Mercedes Sosa

No...! Permanecer y transcurrir
no es es perdurar, no es existir,
ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser
tanta conciencia sin saber,
adormecida...
Merecer la vida, no es callar ni consentir
tantas injusticias repetidas...
Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad
más definida!
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida!

No...! Permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad
enceguecida.
Merecer la vida es erguirse vertical
más allá del mal, de las caídas...
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad
la bienvenida!
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida!




Ángelos
domingo, 15 de agosto de 2010 |

A mis pies... polvo.

Recupero la consciencia y observo, como quien despierta de un ensimismamiento, que estoy de pie, descalzo, sobre una capa de polvo que llega hasta mis tobillos.

-¿Qué demonios es esto? -me pregunto.
A medida que voy alzando la mirada, en las paredes de esa sala, blanca como una perla, se materializan diferentes máscaras, con sus mil y una expresiones, de culturas antiguas y algunas irreconocibles.
Frente a éstas, entre las paredes y yo, se hacen visibles atriles de no más de un metro de altura, y sobre ellos... miles de jarrones, con sus muchas curvas y relieves, todas tan hermosas como frágiles.
Esculturas de vidrio y arcilla se intercalan entre cada uno de los atriles, interpretando animales, personas, objetos, situaciones... un museo imponente que tiene génesis de la nada, frente a mis maravillados ojos.
Y en el centro de esos ojos, de esos profundos ojos marrones que mis padres y su genética me dieron, aparece un brillo. Un brillo que no nace de la nada, pero que proviene de ese polvo que ya no cubre el suelo, sube ardiendo (aunque no había allí ni una sola braza) por mis pies, mi piel, mis venas, mis brazos, mi pecho, alcanza mi corazón, extendiéndose sin remedio hacia mis dedos. Y mis pulmones se llenan de un aire caliente como el de un volcán a punto de estallar.

En mis manos, aparece sin pedirlo siquiera, un bate. Un bate real y perfectamente trabajado.
Siento como mis dedos se cierran, esperando lo obvio. Pidiendo hacerlo ya.
Podría cerrar los ojos y caminar agitándolo. Es obvio que muchos serían los ALGO que habrán de romperse. Pero prefiero mirar. Prefiero ver como todo se hace añicos ante mi fuerza, mi ira, el fuego que ahora arde hasta lo más profundo, escapando por esas válvulas (ahora encendidas) que son mis ojos.

Todo queda hecho polvo, reducido, a cenizas. La fantasía de un eterno irascible cumplida, finiquitada, satisfecha.
Satisfacción que cubre el suelo, mis dedos y roza apenas mis tobillos.
(...)

Recupero la consciencia y observo, como quien despierta de un ensimismamiento, que estoy de pie, descalzo, sobre una capa de polvo que llega hasta mis tobillos.

Ángelos
jueves, 12 de agosto de 2010 |

Lo que hay detrás del muro

En aquel momento, Sujeto1 no sabía porqué le pasaba todo aquello, porqué su mundo feliz se había transformado en desierto amplio y solitario, porqué había llegado frente a un muro que no había visto, porqué aquel laberinto no lo había consumido aún. Se lo preguntaba y repreguntaba. Todo gris y sin sonido. Sin vida. Un mundo sin nada más que Sujeto1, sentado en el suelo, piernas sostenidas por los brazos que las rodeaban.
Con el mundo sin caminos ni rutas marcadas o sin marcar. Frente a él, el muro. Que no podía ni rodear ni escalar.
Lo miraba fijamente desde entonces... día y noche -lo cual es una manera de decir, porque aquel lugar no tenía sombra, ni luz, ni lluvia, nubes o nada que se le parezca-.
¿Esperaba entonces? No sabía. Sólo... sólo sentía una corazonada. O quizás no sabía que era una corazonada, y sólo dejaba que la vida, de la manera que guste, lo sorprenda.


Sujeto2, por otro lado -del muro, si- caminaba a duras penas por las calles con sus días, noches, lluvias y etcéteras.
Sentía que quizás su Dios estaba siendo injusto.
- No merezco ser ilusionado así. ¿Por qué a mi? ¿No está el mundo lo suficientemente oscuro y lleno de mierda como para seguir confiando en él? -
Y como suele ocurrir a veces... la oscuridad lo acorraló, poco a poco, en un callejón sin salida.
Enojado. Furioso. Consigo mismo, con el mundo, con la vida. Decepcionado. Sólo quería llorar. No despertar más.
Hizo entonces corporeo ese enojo, y usando sin querer sus últimas fuerzas, golpeo ese inescalable muro. Golpeó en el centro de uno de sus ladrillos... que cedió, lenta y suavemente, y se deslizó junto con su mano.
El muro tembló, y aunque no cayó, varios ladrillos aledaños al primero también cedieron, y se dejaron arrojar hacia el otro lado.
Para cuando el cuarto o quinto ladrillo se movió solo, Sujeto2 ya había notado a Sujeto1, que al ver caer el primero, estaba intentando quitar más.
Luego de un tiempo, ambos se encontraban entre un laberinto y un oscuro panorama.
- Este mundo no merece la pena, ni tampoco yo. Nadie lo vale.-
- Tengo un mundo gris a mis espaldas... al menos no es oscuro. ¿Quieres venir conmigo?-
- ¿Cuánto tardaría en volverse oscuro como este otro? -dijo Sujeto2 volviéndose sobre sus hombros.
- Tan pronto como nos cansemos de pintarlo y reciclarlo, supongo. -contestó Sujeto1.
- El gris es un color tan triste como el negro. -
- Hasta hace cinco minutos no tenía idea de que hacer con esas pesadísimas latas de pintura apiladas allí...- exclamó señalando unos enormes y brillantes tarros plateados.

Y pintaron. Con pinceles y rodillos... a veces con las manos. Pared por pared.
Pintaron el cielo y el suelo del color que ellos quisieron. Todos los días era un nuevo desafío, una pulcra y extensa pared gris por cubrir.
Y en esos viajes de ida y vuelta a los aparentemente interminables tarros de pintura, aprendieron.
ENTENDIERON.
Sujeto2 entendió que el mundo no es tan oscuro como lo pintan, sino que uno puede elegir los colores de la acuarela si así lo quiere. Y Sujeto1 entendió, al fin, el porqué de todo lo que le había ocurrido.
Ahora todo cobraba Sentido. Había estado esperándolos todo este tiempo. Buscándolos, a paso de caminante... todos los días. Acercándose... desde el otro lado del muro.

Ángelos
jueves, 5 de agosto de 2010 |

Más que 1000 palabras .01


A veces sobran, a veces faltan,
a veces nos excedemos... otras simplemente no alcanzan.
Esto siento, ahora mismo... y
más que decir mil palabras, prefiero que veas lo que mi mano (esa que quiere acariciarte YA) quiso escribirte.

Ángelos