domingo, 25 de julio de 2010 |

Observación

Dicen que mejor solo que mal acompañado.
Dicen que las malas compañías estropean almas ajenas, que oscurecen el brillo de uno. Pero yo creo que todo concepto medible -lo bueno y lo malo, lo bello y lo no tanto, lo poco y lo mucho- es relativo.
Está sujeto al ojo que lo observa, ¿no es así?
Y pensando en esos ojos... conseguimos una abrumante -y esperanzadora- suma de más de 6 mil billones de miradas distintas. La diversidad de miradas, y de conceptos que podemos conseguir, es hermosamente enorme.
Pero volviendo a ese asunto de "lo malo..." ¿Quién puede señalar, o hacer entender al otro, sobre lo malo que es algo o alguien? ¿y si resulta que la otra persona simplemente no quiere verlo? ¿Y si resulta que somos nosotros los ciegos?
Podría volar en círculos sobre este tema durante días, cual ave carroñera, y no llegar a nada en concreto, pero espero aunque sea con esto, dejar un rastro de migajas para que alguien pueda simplemente encontrar el camino adecuado.
Yo sigo intentando quitar de Mi Gente aquellas cosas, modos, vicios y pensamientos que SE que hacen mal al cuerpo, al alma y a la vida. Intento, a veces fallando, a veces dejando una mínima marca, aunque la espada de mi voluntad está algo mellada.
¿Por qué a veces cuesta tanto ponerse en los zapatos del otro?¿por qué a la gente parece costarle algo tan fácil como tomar una mano que quiere ayudar, o tender una mano para ayudar?
Lo malo, lo bueno, lo medible, lo que vale para mí o para el resto, lo que dura y los sueños...
¿Por qué al mundo le cuesta tanto ayudar y dejarse ayudar? ¿Por qué bajan los brazos tan fácil como respiran, cuando se trata de creer en sí mismos y en los demás? ¿Por qué cuesta tanto cumplir con el bien, empezando por uno, para mejorar el todo donde queremos vivir?
...
¿Por qué no me he rendido todavía cuando las esquirlas de mi espada han alcanzado a mi alma y a mi corazón?
Aún no lo se... ¿Importa?
No creo que me rinda fácilmente, así que por mí el mundo puede seguir enfermando de estupidez y perder las esperanzas. Puede que ni se note ni importe lo que hago... ¿pero que otra cosa puedo hacer, sino seguir intentando?

Ángelos
lunes, 19 de julio de 2010 |

Imagen



Fuma en la ventana,

a la luz de la luna,
a un costado de la cama.
El aire cálido lo roza,
insoportable,
viniendo desde otro continente,
de ultramar,
desde un desierto.
Un aire que aunque no quiera,
no para de acariciarlo.

Fuma con bronca y culpa.
Bronca por no tener a su amor,
a su mitad ahí, a su lado,
bronca con Dios,
con la vida, la distancia
que con cada pitada
no quiere disminuir,
bronca con el mundo
por tenerlos separados.
Y culpa porque bien sabe,
que a su amor le PARTE EL ALMA
cada cigarro que toca sus labios.
Culpa porque no es el vicio que quiere,
ni necesita, ni sirve,
pero que cree que no puede evitarlo.

Quiere llorar, y no puede,
todo el agua de su cuerpo
parece haberlo abandonado;
pero no, el bien lo siente.
Siente el cuerpo empapado.
Y en su piel blanca,
ante la noche,
destellan imperceptibles,
pequeños brillos perlados.

Termina con un suspiro
con ese vicio asesino,
y siente que hay vacío.
Su amor no se ha presentado,
ni del humo,
ni del molesto aire cálido.

No puede llorar, no,
y entonces mira su mano.
Ahí esta, en su anular,
ese pequeño lazo plateado.
Cuatro letras hacen magia,
y entonces ahí... el llanto.
Cuatro letras hacen tangible
ese cuerpo tan deseado.
Y se dibuja una sonrisa,
entre esos prominentes labios.

Llora y ve la ceniza,
de su reciente vicio apagado.
No está ahí su alegría,
ni su amor tan esperado.

No es su piel, ni su sonrisa,
ni su voz, ni sus caricias.

Sabe que el momento está cerca,
"en la vida todo llega",
y los días son contados.
Él espera y así respira...
aire de enamorado.
Abraza su almohada e imagina,
la piel de su amor amado.

Y lejos, pero no tanto,
su amor mira una foto,
toma el tubo con su mano
donde reposa brillando
un pequeño lazo plateado.
Marca un número y espera,
una voz del otro lado:

"Hola amor, hola mi vida
no sabes cuanto este día
mi alma te ha extrañado".
"Me duermo" dice su amor.
"Descansa, estoy a tu lado"
"Si, te siento. Estás acá."
"Eso mismo. Tomando despacio tu mano.
Eso mismo, ahora duerme...
...que yo te estaré cuidando."

Ángelos
domingo, 11 de julio de 2010 |

¿Qué es?




¿Cómo es que el agua se siente tan cálida?
Creo que es un manantial... pero no, no veo ni una sola nube de vapor.

¿Y esa música?¿Es un piano? Me está invitando... me invita a cerrar los ojos, a relajarme, a olvidarme que existen los problemas...

¿Qué hace un pianista, tocando su piano en medio de este claro, en el corazón de este bosque? Debo de estar soñando.

¿Ilógico? ¿Qué es lo ilógico o lo lógico en este mundo tan (inevitablemente) venido a menos, con tanta gente que camina por caminar, sin ver a su alrededor, sin contemplar, sin escuchar, sin sentir...?

Esa música... ¿qué es lo que me está pidiendo?
Siento como se acerca, y me rodea. Mi piel se eriza, se me escapa un suspiro. Y como el rayo de sol más cálido, me toca en el rostro, acariciándome...

¿Quién es? No puedo abrir los ojos, pero no siento ni una mínima partícula de miedo en mí. Al contrario, siento paz, siento mucha paz.

La música me habla, con una voz que me provoca otro suspiro... ¿me habla?
Me pide que me tranquilice, que descanse... "Mañana todo estará bien, duerme"

El pianista... esa melodía la he oído antes, ¿o habré de oirla en algún momento particular y mi alma (que todo lo ve y todo lo ha vivido ya infinidad de vidas) reconoce cada nota?

Un perfume llena mis pulmones.
No es agua de manantial, ni hierba verde, ni brisa fresca. Es el aroma de una piel, un perfume tan bello como ningún otro.

Es ese perfume... es esa música... es esa caricia...

Ángelos
jueves, 8 de julio de 2010 |

Cantando bajo la lluvia

No me acordaba, sinceramente, de la última vez que lo había hecho.
Años pasaron, de eso estoy seguro.
Mi hermano había salido, la casa era toda para mí.
Me quité las prendas una a una, mientras caminaba cerrando persianas, encendiendo y apagando luces al entrar y salir de las habitaciones.
Me vi en el espejo de tres cuerpos del botiquín del baño, corrí la cortina, y me metí a la ducha.
En mis ojos estaba grabada una sonrisa, en mis oídos unas risas y una voz que me repetía una dulce frase.
De verdad, hacía años que no pasaba, y me sorprendí a mi mismo cuando de repente, sin esperarlo... empecé a cantar, bajo las gotas más que cálidas de la ducha.

AÑOS hacía, de verdad -si, se que lo dije varias veces, pero es lindo redescubrirse la voz luego de mucho tiempo, ¿no es así?-. Y no, no quieran saber si afinaba o no a las notas (uno siempre cree que el agua de la ducha lo transforma en un talento de la música internacional) o qué es lo que estaba entonando... lo importante es que luego de un día horrendo, donde me enteré que a menos que exprima mis neuronas a un 200%, varios exámenes corren riesgo de ser perdidos; y mientras esta mañana me preguntaba: ¿quién en su sano juicio tiene la cabeza lo suficientemente iluminada para rendir 5 endemoniadas materias en 3 días? ahora, tranquilo y sonriendo me pregunto: ¿porqué no canto así cada vez que me doy el lujo de darme una ducha?

Así que en vez de preocuparme por materias que solo se pasarán estudiando y rindiendo, me voy a ocupar de cantar día tras día en la ducha, afinando o no, en el idioma que sea o sólo tarareando, o porqué no improvisando mis propias melodías y letras.

No me acordaba, sinceramente, de la última vez que ví todo con semejante claridad, y que, sin perder de vista la responsabilidad enorme que tengo en tan corto plazo, pude disfrutar de momentos míos y mínimos como una simple ducha.

¿Quién nos manda a hacernos mala sangre, a espesarnos la circulación con cosas que tienen una solución?
Hay que cantar bajo la lluvia, un día cualquiera, sin importar que tan ridículos sonemos... y disfrutar de ese y tantos momentos que, por el sólo hecho de estar vivos, debemos de valorar con todas y cada una de las fibras del alma.

Ángelos
viernes, 2 de julio de 2010 |

Tiempo al tiempo




En estos últimos días (por no decir semanas) he estado inmerso en un tintineo constante de relojes, marañas de agujas por todas partes... y no, no he consumido ninguna sustancia alucinógena (a menos que litros y litros de café se consideren dentro de esa descripción).
Bueno, también he estado atacando -y aun sigo- al invierno y al frío con un suplemento vitamínico efervescente durante los almuerzos. Pero no es lo que como lo que me quita el sueño últimamente. Es el tiempo. El tiempo que se me rie en la cara, como al resto del mundo, y se mueve hacia donde quiere, cuando nosotros solo lo vemos dar vueltas y vueltas sobre el mismo eje.
Rotando sin rotar... los días y las noches pasan; y si bien me resulta sorprendente que ya estemos en Julio, cuando parece que ayer pisamos Enero del 2010, no me sorprende darme cuenta que en un pestañeo más, cuando querramos acordar, se termina esta hermosa docena de experiencias varias, que viene en caja de 30 comprimidos de 24 hs.

Dormir (lo suficiente -aunque a alguien no le parezca así-), despertarme, desayunar, ir a cursar, rendir (y hacerlo bien, si las cosas se encaminan), volver de cursar, almorzar, pasar la tarde con sus miles de mates y sus actividades varias según el día, despeje de mente (en lo posible), cena, ducha, dormir de nuevo...

Uno podría decir que ese cronograma en 24 horas cuadra perfecto, pero vengo teniendo días de 27/30 horas hermosos... y en cualquier momento creo que haré uso de mis Jueviernes, mis Lunartes o mis Mariércoles...
Nobleza obliga... el tiempo parece correr, a veces va lento al estilo tortuga de Pehuajó; y aunque parece que nunca lo voy a llegar a alcanzar lo sigo de cerca. A veces acorto la distancia, otras lo pierdo de vista, pero lo siento ahí. Y no pienso dejar que se me escape.
Cronometrarlo no serviría de nada... pero haré valer mi caminata, y no dejaré en el tintero ni tiempo ni esfuerzo perdido...

Tiempo al tiempo ...y paso a paso lo voy a dejar agitado, agarrándose el pecho, kilómetros y kilómetros detrás de mí.


Ángelos