sábado, 27 de febrero de 2010 |

Falsas caricias

Falsas caricias
intentan curar mi insomnio.
No son tuyas en realidad,
son de mis manos,
recorriendo mi muslo izquierdo
con sus dedos, sobre la sábana,
mientras cierro los ojos y rezo
para atraer al sueño.

Una canción
con nombre de mujer que espera
resuena en mis oídos.
Y yo espero.
Siempre espero.

No tengo a mi lado
a tu copia de tela y algodón.
Esta cama que alguna vez fue mía
no deja que el sueño se acerque,
y mi pensamiento te busca, lejos,
dejando de mí solo un envase vacío,
que respira intranquilo,
hasta que sepa de vos.

Ojalá tu mano acariciara mi muslo
cariñosamente, hasta que me duerma,
para que no piense,
para que no sueñe,
para que no extrañe...
...para que no espere,
una, dos, diez veces...
...oír tu voz en sueños
y luego, cruelmente,
despertarme.

ÁnGelos
lunes, 22 de febrero de 2010 |

La Rotonda de la Vida (I)

Desperté un día cualquiera, podría ser Jueves, Martes o un feriado... no lo se. El sol se escondía a mis espaldas y mi sombra se proyectó larga y oscura frente a mi, en cuanto me puse de pie.
Estaba descalzo, sobre un aro de cantos rodados, que encerraban una pequeña elevación de pasto verde como el que jamás había visto en mi vida. Se sentía suavemente fresco. Aunque confieso que el rocío que me empapaba las plantas de los pies ardía un poco.
Me senté, y descubrí que solo llevaba puestos unos jeans, ni calzado, ni algo que cubra mi torso. No hacía frío, pero los pies seguían ardiéndome.
Una mirada me bastó para ver lo lastimados que estaban. Como si hubiera estado caminando sobre vidrios, o espinas... había lastimaduras sobre cicatrices que no recordaba tener.

- ¿Cómo llegué a lastimarme tanto?¿Por qué camino estuve caminando para llegar hasta aquí? -me pregunté.

Con mis ojos observé todo a mi alrededor... infinidad de caminos se abrían paso, uno al lado del otro, cada uno tan tentador y distinto como el que lo sucedía, rodeándome.
Y en mi observación, descubrí que en uno de los laterales de la pequeñísima colina, había una placa de metal que rezaba:

"Esta es la Rotonda de la Vida (una de tantas)
sea usted Bienvenido, recuestese, descanse,
decida, pongase de pie... y solo camine"

De la nada, apareció un cuervo (aves sabias si las hay), y se posó en mi hombro. De su pico no salió un graznido, sino una voz, que en un tono tranquilo, pero firme y amistoso me decía:

- En este momento deberías ver la expresión que tienen tus ojos...por ahí hay un estanque, seguro se verá tu reflejo a la perfección -y volando de mi hombro planeó hasta posarse en uno de los bordes, invitándome a acercarme.

Al hacerlo, pude verme:

- ¿Ese soy yo? ¿Ese... niño con ojos vidriosos y asustados? -

- Si, ese eres. Un "tú" niño... Y lo que tus ojos reflejan ahora mismo... es miedo. Y tus miedos no te permiten ni siquiera moverte. El miedo a lo que ya ocurrió y el miedo a lo que pueda ocurrir -

Yo corrí la mirada, mientras hacía fuerza y cerraba los ojos, como advirtiéndoles a las lágrimas que ni siquiera se atrevan a aparecer.

- Los chicos grandes no lloran... -dije- ¡Dios! Me molesta que mi mirada sea tan... limpia. Que se note claramente en ella TODO de mi.

El cuervo solo me miraba con sus ojos oscuros, miraba y puedo jurar que sonreía, en silencio.

- Alguien me enseñó que es bueno tener la mirada limpia... -dando pequeños saltitos subió por mi brazo hasta llegar a mi hombro- Tus miedos te paralizan, y lo que tenes que saber es que ambos son inútiles... ahora es el tiempo lo que tiene peso, lo que más te importa. Ya no es la distancia a tu próxima meta lo que te preocupa, la distancia sigue siendo la misma; es el tiempo que falta lo que te pesa, lo que no te deja caminar... y eso no te permite disfrutar.

- ¿Y entonces que se supone que tengo que hacer? -pregunté.

El cuervo me rozó el rostro con una pluma, mientras salía volando en dirección opuesta al sol.
Mi mirada volvió a posarse en la placa que estaba a unos pocos metros...

- Así que entonces estoy en la Rotonda de la Vida...en una de tantas...-.

Ángelos
viernes, 19 de febrero de 2010 |

Ser como el agua...

Llueve en la ciudad
y el insomnio juega al ajedrez
con mis almohadas y almohadones,
usando mis manos.

Vienes a mi mente
cada vez que busco el sueño,
y cuando oigo las gotas
golpeando en el techo.

Llora el cielo de verano
y mi sueño se fue lejos,
quizás fue a por el tuyo
y ahora mismo ambos partieron,

¿y es esta conexión
amplia y pura que yo siento,
al igual que vos sentís,
la culpable de este hecho?

A 16.000 kilómetros
tu estás por levantarte,
cuando todo a mi alrededor
está sumido en lo etéreo.

¡Quién pudiera bostezar
sobre tu pecho y no en sueños!
¡Quién pudiera despertar
a tu lado y no tan lejos!

Quisiera ser como el agua,
que ahora cae sobre el techo,
y viajar hasta salarme,
y llegar a tu buen puerto,
que me tomes en tus manos,
y te acaricies el rostro,
mientras te quitas el sueño...
... dejandome besar tus ojos.

ÁnGelos
domingo, 7 de febrero de 2010 |

Ella...

Tres noches van que me despierto con una sensación extraña, pero solo anoche la vi.
Se escondía en los rincones más extraños de la casa de mi pueblo, donde viven mis padres. Allí había mucha gente de la que conozco, pero que ni siquiera conoce ese lugar. Y aunque una docena de personas estaban ahí, todos ocupados en distintos quehaceres, nadie parecía notar que un frío recorría de punta a punta la casa, con las puertas abiertas de par en par. Solo mamá me dijo:
- Encontrala e intenta calmarla... ¿no ves que nadie la ve ni la oye?-

Debajo de las camas, bajo la escalera, en los roperos...
No lograba verla, y el frío parecía aumentar a cada minuto que pasaba.
Cuando llegué al living, mamá sosteniendo la puerta, me dijo:
- Está ahí...- señalando una esquina de la habitación.
Corrí el sillón de caña que hace años no ocupa su lugar en la casa de mis abuelos.

Ella lloraba. No paraba de llorar.
Pelo largo, castaño, flaca sin llegar a ser escuálida y con unos ojitos que, tras el llanto, se veían de color verde.
La levanté del suelo y me abrazó. No pesaba casi nada, y su piel estaba fría.

Una bocanada de aire cerró las dos puertas principales de la casa. El frío se detuvo al instante.
La gente seguía pasando cerca nuestro, limpiando, y haciendo cosas, ignorando que estabamos ahí.
Me limité a abrazarla fuerte, para darle algo de mi calor.
Ella apoyó su cabeza en mi hombro y se durmió.
Y yo me desperté, suavemente, abrazando un almohadón.

Ángelos